¿Cómo explicarse uno mismo nuestros actos impulsivos? Instinto podría ser. Pero que nadie se llame a defraudado, llegamos por propio pie. Una noche más en el concierto de vagancias bohemias, derroches de canto, de sentimientos y pasiones, de risas y llantos, de amor y su ausencia. Estaba ahí, cual gurú regresando de un año sabático, fresco como solo la sexagésima edad lo permite. Dense prisa, oh timoratos, si le quieren enterrar, pues tiene la costumbre de resucitar. Y ahí está, el amigo de causas perdidas, degenerado y otrora mujeriego. Senseí de los que levantamos la falda a la luna y salimos como gatos sin dueño a los callejones de las noches perdidas.
Repeliendo los fanatismos que degeneran en fundamentalismo, tomo por asalto una butaca y me presto a observar el espectáculo de la libertad, de la desnudes de moralinas, del descaro de admitir que ya brindó a la salud del Diablo, y yo también. Ya no hay en él estridencias, ni excesos, paso de la "raya" por pasar por el aro de las posibles facturas por pagar, sin saldo y en números rojos. Y aquí esta, como un chaval de cuarenta y diez, que parecen cuarenta y nueve, ya entrados en sesenta. Con más emoción contenida que euforia; y eso lo hace más íntimo para quienes pasamos de aquello de desgarrar la laringe con gritos desesperados, de esos que se lanzan al cielo buscando la respuesta divina; eso no, acá las cosas ya son más simples: observamos, sentimos, cantamos y alzamos la voz de vez en vez en los interludios de cada poema hecho canción. Poco los salmos mundanos se fueron cumpliendo, unos responsoriales, otros silenciosos, pero en todos nadie perdió detalle. “Uno canta la misma canción, otra noche en el bar de la esquina, cerca de la estación donde duerme un vagón, cuando el tiempo amenaza rutina”. Y nos dio lo que cada uno esperaba. Su pedazo de paraíso terrenal.
¿Quién fustiga la fe en lo mundano? ¿Quién raya el cuaderno del otro? ¿Quién inventa pecados gastados? ¿Quién señala la viga en el ojo? ¿Quién impide la rima satírica? ¿Quién se ofende por la dicha del vecino? ¿Quién se amarga la vida en vitrinas? ¿Quién se siente pez en el mar del olvido?
No volteemos a ver los calendarios que amenazan con contarnos nuestra vida. Para que malgastar los minutos cuando no sabemos que nos espera detrás de la esquina. Mejor disfrutar de este mundo, aprender a vivir lo imposible, que para los tiempos confusos, rudos, ruines, criminales, en los cuales andamos día a día, lo imposible se traduce en alegrías, en canciones, en bebidas, en amigos, en amores, en trasnoches, en lujuria, en libertad, en tranquilidad, alejados de la bisutería. No volteemos a ver los calendarios, porque tal vez nos dirían, que “era está una noche cualquiera, puede ser que fuera trece, qué más da, pudiera ser que fuera martes”. Hoy Sabina entonó su poesía y encaró de nuevo al enemigo, ese que cada día le cava las fosas, donde, os lo juro, no pretende dormir todavía. Amén.
Por que hay letras que se empeñan en salir para decir lo que pasa día a día. La vida es más llevadera si la vivimos en pantuflas.
miércoles, abril 14, 2010
domingo, abril 11, 2010
No Pienso Abrir
Era el año de 1994, con 18 años encima estaba por terminar mi bachillerato en el IPN. Las noticias de ese entonces no eran otras que la aparición de la guerrilla en la selva Lacandona. Recuerdo muy bien esto porque nos fue pedido un breve ensayo sobre dicho conflicto por la profesora de Filosofía, materia que en esos días no era de mayor trascendencia, dadas mis aspiraciones de ser Arquitecto. Por ende la política no era de mi agrado, mis preocupaciones eran más que triviales y enfocadas a ser un gran artista que plasmará su talento en la edificación. Aquel ensayo verso muy simple y vago, para mi entender de hoy día. Pero recuerdo mucho la frase con la que concluí: “de ahí deriva mi preocupación de lo que está pasando, porque lo último que deseo es ver a mi país en un conflicto como el de los Balcanes”.
Hoy afortunadamente mi visión de la realidad y del mundo es otra, pero el lado desagradable es que las posibilidades, las consecuencias y los riesgos me son más tangibles. Hoy mi país está sumergido en una guerra civil, mexicanos contra mexicanos. Hoy todos los días mueren decenas de personas. Apenas hace unas semanas sentí la misma opresión en el pecho de aquel año del 94 al saber que un gran amigo burlo a la muerte en ese desolado y crítico páramo de la violencia que es Ciudad Juárez cargando aún con la bala en el cuerpo. Apenas ayer descolgaron a dos jóvenes del puente por donde paso cada domingo para llevar a mis hijos a comer un helado y ver una película. Apenas hoy por la mañana asesinaron a un vecino del barrio que tuvo la mala suerte de ser policía municipal, incluso fue mi cuñado por un par de meses en la juventud, pero mi hermana siempre fue de gustos cambiantes. Hoy vuelvo a tener ese mismo miedo de hace 16 años, solo que acrecentado, porque no se qué es lo que pasará con este México.
No sé que cruce por la mente de aquellos en los que recaen las decisiones. Ser politólogo me abre panoramas muy amplios, y eso me lleva a un nivel de angustia mayor, porque no veo un mínimo sendero por donde salir del pantano en el que estamos todos metidos como sociedad. Hoy pasan por mi cabeza los jóvenes de Juárez, los del TEC, los de la sierra, los niños que iban a la playa en Matamoros, y todos aquellos inocentes que no salen en los medios, pero que si crean el vacio de la desolación entre los suyos.
Han dicho que son daños “colaterales”, que toda guerra tiene sus víctimas inocentes. Pero soy honesto: no me resigno a que mi familia ya no pueda salir a la calle, a que no pueda viajar cayendo la noche por miedo a entrar en la “línea de fuego”; no me resigno a sentir que poco a poco la violencia irá creciendo al grado de no importarme ya si la economía va bien, si hay más médicos, si incrementaron el presupuesto en educación, si aprobaron la reforma política, o si mi hijo ya aprendió a leer o si mi hija ya toca una pieza de Joaquín Sabina en su pequeña guitarra, porque el sobrevivir será lo urgente. Y no me resigno porque, como todo ser humano pensante, tiendo a la libertad y al derecho de conseguir mi propio concepto de la felicidad.
Si hay una solución, que se apliqué ya. Porque cada vez más se acerca la pálida dama a mi puerta y no le pienso abrir.
Atte.
...Donde El Olvido
Erubey
Hoy afortunadamente mi visión de la realidad y del mundo es otra, pero el lado desagradable es que las posibilidades, las consecuencias y los riesgos me son más tangibles. Hoy mi país está sumergido en una guerra civil, mexicanos contra mexicanos. Hoy todos los días mueren decenas de personas. Apenas hace unas semanas sentí la misma opresión en el pecho de aquel año del 94 al saber que un gran amigo burlo a la muerte en ese desolado y crítico páramo de la violencia que es Ciudad Juárez cargando aún con la bala en el cuerpo. Apenas ayer descolgaron a dos jóvenes del puente por donde paso cada domingo para llevar a mis hijos a comer un helado y ver una película. Apenas hoy por la mañana asesinaron a un vecino del barrio que tuvo la mala suerte de ser policía municipal, incluso fue mi cuñado por un par de meses en la juventud, pero mi hermana siempre fue de gustos cambiantes. Hoy vuelvo a tener ese mismo miedo de hace 16 años, solo que acrecentado, porque no se qué es lo que pasará con este México.
No sé que cruce por la mente de aquellos en los que recaen las decisiones. Ser politólogo me abre panoramas muy amplios, y eso me lleva a un nivel de angustia mayor, porque no veo un mínimo sendero por donde salir del pantano en el que estamos todos metidos como sociedad. Hoy pasan por mi cabeza los jóvenes de Juárez, los del TEC, los de la sierra, los niños que iban a la playa en Matamoros, y todos aquellos inocentes que no salen en los medios, pero que si crean el vacio de la desolación entre los suyos.
Han dicho que son daños “colaterales”, que toda guerra tiene sus víctimas inocentes. Pero soy honesto: no me resigno a que mi familia ya no pueda salir a la calle, a que no pueda viajar cayendo la noche por miedo a entrar en la “línea de fuego”; no me resigno a sentir que poco a poco la violencia irá creciendo al grado de no importarme ya si la economía va bien, si hay más médicos, si incrementaron el presupuesto en educación, si aprobaron la reforma política, o si mi hijo ya aprendió a leer o si mi hija ya toca una pieza de Joaquín Sabina en su pequeña guitarra, porque el sobrevivir será lo urgente. Y no me resigno porque, como todo ser humano pensante, tiendo a la libertad y al derecho de conseguir mi propio concepto de la felicidad.
Si hay una solución, que se apliqué ya. Porque cada vez más se acerca la pálida dama a mi puerta y no le pienso abrir.
Atte.
...Donde El Olvido
Erubey
lunes, enero 25, 2010
Un Sábado Cualquiera
No hubo fiesta, ni pastel, ni regalos....
No hubo misa, reflexiones, ni retratos...
No hubo ceremonía, ni diplomas, ni anillos...
Ni ninguna mamada por el estilo.
Solo hubo una botella de ron...
Unos amigos entrañables...
Y mucho, mucho Sabina... cual debe ser.
Hoy los caminos ya no son los mismos, se comienza uno nuevo.
Fueron 5 años de no dejar de avanzar.
Fueron 5 años de pensar si podría o no.
Fueron 5 años de crecer, de caer y levantarme.
Fue un sábado cualquiera... solo que ese sábado acabe por fin una carrera.
Y si... que Viva la UNAM!!!
GOYA!!!
GOYA!!!
CACHUN CACHUN RA RA!!!
CACHUN CACHUN RA RA!!!
GOOOOOOYAA!!!
UNIVERSIDAD!!!!
No hubo misa, reflexiones, ni retratos...
No hubo ceremonía, ni diplomas, ni anillos...
Ni ninguna mamada por el estilo.
Solo hubo una botella de ron...
Unos amigos entrañables...
Y mucho, mucho Sabina... cual debe ser.
Hoy los caminos ya no son los mismos, se comienza uno nuevo.
Fueron 5 años de no dejar de avanzar.
Fueron 5 años de pensar si podría o no.
Fueron 5 años de crecer, de caer y levantarme.
Fue un sábado cualquiera... solo que ese sábado acabe por fin una carrera.
Y si... que Viva la UNAM!!!
GOYA!!!
GOYA!!!
CACHUN CACHUN RA RA!!!
CACHUN CACHUN RA RA!!!
GOOOOOOYAA!!!
UNIVERSIDAD!!!!
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